
El cardenal-arzobispo de Madrid, monseñor Antonio María
Rouco Varela, que ofició el domingo 29 de abril la concelebración
eucarística del centenario del nacimiento de Vicente Enrique y
Tarancón, definió al prelado burrianense como un cardenal del siglo
XX para el siglo XX: “Tuvo que pastorear en un siglo
en el que la ruptura del alma llevó a la ruptura de los cuerpos en la Guerra
civil. La unidad profunda y los grandes valores cristianos que tantos siglos
había costado construir se había destruido”.
Según Rouco Varela, Tarancón supo colocarse al frente de la Iglesia como un generoso buen pastor, “como el Señor, para que todos encontraran el camino de la unidad, de la reconciliación y del perdón -primero espiritualmente y, después, socialmente, impulsando la recuperación del espíritu cristiano, renovado por el Concilio Vaticano II”. El cardenal-arzobispo de Madrid recordó su etapa de seminarista en Salamanca, cuando conoció a Vicente Enrique y Tarancón: “Era un obispo joven que resonaba en nosotros y llamaba nuestra atención su figura y sus escritos”, relató Rouco Varela, quien recordó en este sentido la pastoral “La renovación total de la vida cristiana”, escrita por Tarancón a mediados de los años 50 del pasado siglo, “una carta cristiana, como otras muchas, con la que iluminó a los españoles”. Monseñor Rouco describió algunos aspectos personales de Vicente Enrique y Tarancón, “un hombre con formas y modos aparentemente muy tradicionales, ya que siempre vestía sotana, y con devociones personales entrañables, como la de la Virgen, la Divina Pastora o el Santísimo Sacramento. Además, tocaba el armonium”. Uno de los méritos del cardenal Tarancón, en opinión de Rouco Varela, fue promover la santidad desde la caridad, “y agradecemos a Dios que nos haya dado obispos como él”.