
El alcalde de Burriana, José Ramón Calpe y una numerosa representación
de la comisión organizadora de los actos del centenario del nacimiento
del Cardenal Vicente Enrique y Tarancón -encabezada por su presidente,
el concejal de Cultura Enrique Safont- asistieron ayer invitados por
el Consell Valencià de Cultura a una mesa redonda celebrada en la
sede de la entidad en la que intervinieron el obispo auxiliar emérito
de Valencia, Rafael Sanus; el sacerdote y director de la revista Saó,
Emili Marin y Vicente Montés, magistrado del Tribunal Supremo; moderados
todos ellos por Santiago Grisolía, presidente del CVC.
Grisolía abrió el turno de invervenciones recordando la condición
de Tarancón como miembro del Consell Valencià de Cultura, “uno
de los más destacados, durante sus últimos años de vida. Fue una
gran persona, buena e inteligente, un hombre fuera de lo común”.
Rafael Sanus, quien definió a Tarancón como un pastor de la Iglesia,
expuso en su ponencia el cambio radical que experimentó el prelado
burrianense, “quien inicialmente -pese a no ser un obispo afecto
al régimen de Franco y lo criticara moderadamente- nunca puso en tela
de juicio la simbiosis Iglesia-Estado ni la bondad del estado confesional”.
Los aires de renovación del Concilio Vaticano II y la confianza
depositada en él por el Papa Pablo VI supusieron para Tarancón, en
opinión de Sanus, “un descubrimiento y una conversión, la única y
verdadera clave para entender el cambio opuesto en su trayectoria”.
El obispo auxiliar emérito de Valencia añadió que Vicente Enrique
y Tarancón reconoció el valor necesario de la libertad, en especial
de la religiosa, para garantizar la dignidad de la persona humana,
“así como que un estado confesional era contrario a la naturaleza
del mensaje religioso. Había que pasar página e iniciar un camino
nuevo, lo que Tarancón defendió hasta su muerte con una honradez extrema”.
Por su parte, Emili Marín, centró su intervención en el entusiasmo
y las ilusiones que creó Tarancón en una gran parte del clero con
su espíritu de reforma, “un movimiento que más tarde Roma reorientó
con el nombramiento de obispos con características particulares”,
explicó. A juicio de Emili Marin, desde ese momento el ‘taranconismo’
fue abandonado “y la avanzadilla de este movimiento fue dispersada
por distintas diócesis, pero la historia es tozuda y siempre queda
la esperanza de muchos que lo añoramos y recordamos”. El director
de la revista Saó felicitó al Ayuntamiento de Burriana por su esfuerzo
en “desentrañar” el pensamiento y el espíritu de Vicente Enrique
y Tarancón.
El último en tomar la palabra fue el magistrado Vicent Montés,
quien recordó la participación activa del Cardenal Tarancón en
los acuerdos Iglesia-Estado que dieron lugar al concordato de 1979,
“porque el cardenal entendía más la realidad del país que muchos políticos,
un país que se estaba construyendo”. Montés definió al prelado
como un hombre de fe, “un cristiano auténtico”, quien además, según
el magistrado, intentó provocar la reflexión sobre la unidad de la
lengua y el acercamiento al pueblo desde la Iglesia a través del uso
del valenciano por los sacerdotes.
Los tres ponentes coincidieron en reivindicar la vigencia del mensaje
de Tarancón en la Iglesia actual y en la sociedad contemporánea,
“todo un ejemplo a seguir”.
Al término de la mesa redonda, los asistentes fueron invitados a un vino de honor y recibieron un ejemplar del libro monográfico “Homenaje al Cardenal Tarancón 1907-1994”, editado por el Consell Valencià de Cultura en 1997.